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Nos vamos a separar y ahora… ¿Cómo le digo a mis hijos?

Por Itziart Torrez, Psiçóloga  del Centro Atulado.

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Cuando decidimos formalizar en algún sentido una relación de pareja e iniciar una familia con ésta, lo hacemos con el compromiso de hacer que funcione. Sin embargo, cuando se acaba la confianza, el respeto, la comunicación y/o el amor, la separación puede ser la mejor alternativa, a pesar de que se suele pensar que se trata de algo negativo; un fracaso, un daño psicológico per se para los hijos, una pérdida irremediable del modelo de familia soñado, etc. En realidad cada caso es distinto y dependiendo del tipo de ruptura y de cómo lo manejen los miembros de la pareja, puede ser un evento familiar más en la vida del hijo y una rectificación más en la vida de los adultos que la deciden.

La salud emocional y psicológica no solo se logra con familias tradicionales; mantener una relación de pareja que hace infelices a los padres, también hará infelices a los hijos, pues ellos lo percibirán e inevitablemente la insatisfacción generará conflictos familiares que sufrirán los pequeños. Revisemos algunos aspectos generales importantes que se deben tomar en cuenta cuando se da la separación; sin embargo, recuerda que siempre dependerá del caso y si sientes que se te dificulta asumirlo a ti como adulto, será provechoso buscar asesoría profesional para que lo manejes mejor y así ayudes en la transición a tu hijo (s).

Sea cual sea la edad o el género de éste, debes comunicarle que habrá cambios en su rutina y asegurarle que el amor de padres se mantendrá intacto. Afronta que ya el otro miembro no vivirá allí, no des historias que puedan hacerle sentir que el otro padre volverá, como “está trabajando”, “se fue de viaje”, “viene mañana”, etc. Es importante escuchar sus quejas, pero el niño no debe decidir si se continuará la relación de pareja. Es vital informarle conjuntamente acerca de los motivos de la separación, en términos en que lo pueda entender y aclararle con quién va a vivir, dónde, etc; piensa en lo que crees que está preparado para escuchar y si realmente es necesario que conozca detalles. Lo fundamental es recalcarle que es la mejor decisión y que se ha tomado también pensando en su bienestar.

Una vez llevada a cabo la separación, hay que tratar de mantener tantos factores constantes en la vida de los pequeños como sea posible. Puede ocurrir que la separación no se haya dado en los mejores términos (infidelidad, incomprensión, desamor por varios años), en cuyo caso es normal tener sentimientos negativos por la otra persona; pero estos deben ser canalizados, evitando exponerse a conversaciones infructuosas con la ex pareja que terminen en discusiones delante de los chicos y que alimenten el malestar. Por ello, es fundamental que usted se procure un espacio individual para la elaboración de la ruptura como asistir a clases de yoga, meditación, grupos religiosos, psicoterapia, etc. Esto evitará angustiarlos y generar conflicto de lealtades.

Este ultimo aparece cuando el niño siente que al estar con mamá está traicionando a papá o viceversa; puede sentirse culpable porque lo pasa mejor con uno u otro padre, pero ambos pueden ayudar a esto, dejando que compartan tiempo con ambos padres por separado, mostrando agrado por el hecho de compartir con el otro padre y preguntando cómo estuvo la visita. La mayoría de los niños intentará probar los límites de la nueva familia, se enojarán e intentarán poner a un padre en contra del otro; para ello es importante mantener canales de comunicación, acuerdos en normas básicas y abstenerse de amenazarlos con que se iran a vivir con el otro progenitor o que no lo volverá a ver.

Con el tiempo las heridas sanan; durante el proceso de separación hay muchas cosas que aún no están claras para el adulto; hay emociones encontradas, cuesta pasar tiempo con el (la) ex cada vez que visita a los hijos, hay malestar por un sentimiento de soledad o de perdida de la oportunidad de tener la familia o la felicidad soñada… Todo ello es normal pero temporal, pasará y se podrá elaborar el duelo; la invitación es a ir luchando contra esos sentimientos, recordando siempre que, independientemente de la manera en la que se tuvieron a los hijos, ellos están aquí y los quiere, dependen de su bienestar emocional y vale la pena darselo.

¿Cómo? Ambos cooperen y apóyense mutuamente, eviten que conozcan los intríngulis de los conflictos entre los adultos, sobre todo si se dan por vía legal y no se alejen. NO hay una única forma de ejercer la paternidad; para ser un papá presente no hay que vivir con los hijos, basta con hablar con ellos todos los días, incluso cuando tengan 2 años de edad, ayudarlos al menos un par de veces a la semana a hacer tareas y darles el mayor tiempo posible con la mejor calidad, jugar juntos al menos 15 minutos, mirarlos a los ojos, hacerles saber que son muy importantes. Eso es lo que los forma como seres queridos y alli radica la salud mental y emocional.

Para finalizar, les comparto algunos tips para el manejo diario de la separación con los chicos, recalcando que lo fundamental es que las reglas y expectativas de cada uno deben ser descritas  con claridad al niño

  1. Establecer un sistema fijo y predecible de residencia alternada, en el que los pequeños puedan confiar (los niños mayores pueden tener un sistema más flexible)
  2. Hacer visitas regulares, para hacer una rutina diaria predecible y cuando no pueda cumplirse avisarle al niño.
  3. Mantener visitas frecuentes, varias veces a la semana, para aumentar la intimidad padre e hijo y para el mejor control de éste.
  4. Realizar visitas largas,  para evitar el acento sobre la diversión en que caen algunos padres que ya no conviven